Últimamente lo que más me ha ayudado no ha sido una técnica.
Ni una meditación profunda.
Ni un gran cambio.
Ha sido continuar.
Recordar, a veces muy de lejos, que esto también va a pasar.
Aunque cuando estoy en crisis no lo piense.
Aunque mi mente no lo crea.
A veces solo aparece una idea suave:
mañana te vas a sentir un poco mejor.
Y también los microcambios.
Salir a caminar.
A veces para sacar el fuá.
A veces solo porque sí.
Ponerme hielo cuando siento que lo necesito.
Y también cuando no lo necesito, pero sé que me ayuda.
Y algo que estoy aprendiendo:
respetar cuando hoy no quiero hacer nada.
No convertir estas cosas en reglas.
No volverlas rígidas.
Solo dejarlas ser parte de mi vida.
Pequeños movimientos.
Suaves.
Continuar también es sanar.

Deja un comentario