La intuición no siempre es calma

Muchas veces pensamos que la intuición se siente como paz.

Como claridad.

Como una certeza tranquila.

Pero no siempre es así.

A veces la intuición se siente como incomodidad.

Como una sensación extraña en el cuerpo.

Como algo que no termina de encajar.

No es ruido.

No es urgencia.

Pero tampoco es calma.

Es más bien una percepción sutil.

Algo que se mueve por dentro antes de poder explicarlo.

La intuición no siempre llega en forma de respuesta.

A veces llega como una sensación.

Un “aquí no”.

Un “esto no se siente bien”.

Un “algo no está alineado”.

Y eso puede confundirse fácilmente con ansiedad.

Pero no es lo mismo.

La ansiedad suele apresurar.

La intuición observa.

La ansiedad empuja.

La intuición señala.

La ansiedad grita.

La intuición susurra.

Aprender a diferenciarlas no es inmediato.

Requiere tiempo.

Requiere presencia.

Requiere escucharte sin forzarte a entender todo.

Porque no todo lo que incomoda es miedo.

A veces también es claridad.

Y la intuición no siempre te da paz.

A veces te muestra lo que no quieres ver.

Eso también es parte de escucharla.

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